Movimiento Social – Brotsanbert

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Control del consumo de sustancias en la carretera

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Control del consumo de sustancias en la carretera

A continuación nos toca hablar sobre el cannabis y la seguridad vial, a propósito de la puesta en marcha por la Dirección General de Tráfico de una nueva campaña piloto de controles para detectar el consumo de sustancias psicotrópicas o estupefacientes en los conductores. Hoy en día hay una gran sensiblilidad, cuando no alarma social, respecto a la seguridad vial y al número de accidentes de tráfico y a los resultados lesivos de los mismos, la sociedad se muestra así preocupada ante las diversas causas que motivan los accidentes de trafico, y pretende que el legislador incida sobre las mismas, de manera que se adopten medidas de todo tipo tendentes a minimizar la sangría anual que suponen los accidentes de tráfico en nuestra sociedad. Motivo por el cual se ha puesto en marcha por la Dirección General de Tráfico una nueva campaña de controles mas rigorista con un importante despliegue de medios, que se ha desarrollado en estado de prueba durante los últimos fines de semana. Esto ha hecho que, junto a los tradicionales guardias civiles pudiese verse en los controles a una ambulancia con médico y asistente sanitario e, incluso, a un fiscal, lo que se pudo ver de forma espectacular mediática en los telediarios de algún medio de comunicación.

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Régimen Legal actual

Fuera de la parafernalia mediática de esta medida se han generado importantes discusiones acerca de su encaje en el régimen penal aplicable, a la conducción y el consumo de cannabis, conviniendo esbozar una pequeña síntesis del régimen legal aplicable en cada jurisdicción, para su posterior análisis del mismo. El Código Penal determina en su art. 379 “el que condujere un vehículo a motor o u ciclomotor bajo la influencia de drogas toxicas, estupefacientes, sustancias psicotrópicas o de bebidas alcohólicas será castigado con la pena de prisión de tres a seis meses o multa de seis a 12 meses y, en su caso, trabajos en beneficio de la comunidad de 31 a 90 días y, en cualquier caso, privación del derecho a conducir vehículos a motor y ciclomotores por tiempo superior a uno y hasta cuatro años. Por su parte el artículo 65.5.a del Real Decreto Legislativo 339/1990, de 2 de marzo, por el que se aprueba el texto articulado de la Ley Sobre el Tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad Vial, determina; “ Son infracciones muy graves, cuando no sean constitutivas de delito….: La conducción por las vías objeto de esta Ley habiendo ingerido bebidas alcohólicas con tasas superiores a las que reglamentariamente se establezcan, y, en todo caso, la conducción bajo los efectos de estupefacientes, psicotrópicos, estimulantes y cualquier otra sustancia de efectos análogos”. Sancionando con una multa de 301 a 600 euros, y la suspensión en todo caso de la licencia de conducción entre uno y tres meses, y la detracción de 6 puntos.

Procedimiento

Básicamente, la mecánica de los controles parece ser la siguiente y, digo parece pues no conocemos al día de hoy una normativa que regule dicho procedimiento: a uno le hacen una prueba de saliva para saber si ha consumido o no alguna de las sustancias sometidas a examen, si este primer examen es positivo, entra en juego el equipo médico el cual, por medio de una serie de pruebas físicas (dar vueltas sobre si mismo, comprobación de reflejos…) intentan determinar si el sujeto se encuentra capacitado para conducir, y si deciden que no está capacitado, a parte de reflejar estas “pruebas” en el atestado policial, se le realiza un análisis de sangre para confirmar la presencia de sustancia.

Inviabilidad del proyecto.

La crítica que venimos manteniendo algunos juristas, surge al comprobar que ni las pruebas de saliva ni las pruebas complementarias realizadas por los médicos son suficientes por si solas para sancionar a alguien ni penal ni administrativamente, pues con ella solo se determina si la persona ha consumido o no un determinado tipo de sustancia, pero nada aporta sobre sus efectos sobre la conducción. Es decir, por lo que conocemos los análisis de saliva en el caso del cannabis, dicen que pueden determinar el consumo de cannabis en un plazo de una semana (aunque por las conversaciones que yo he mantenido con técnicos de laboratorio, podría alargarse esta plazo hasta un mes) y, según dicen, con respecto al análisis de sangre se comprobaría un consumo en un tiempo de siete horas antes, aunque yo por lo que conozco tampoco me creó esta afirmación. Siendo así las cosas y, para el caso de que los aparatos que utiliza la administración funcionen tal como dicen, no detectan si en ese momento dado de la conducción la persona va influenciada de forma trascendente y en que nivel. En este sentido, esta claro que quien se ha fumado un canuto, a las seis horas se le ha pasado el efecto y, más si ha comido algo. Por tanto, al final la imposición de una sanción, dependerá realmente de la constatación de los efectos de las drogas en la conducción por el médico que acompañe en el control. Esta base probatoria la entendemos insuficiente salvo en casos muy claros, en donde la influencia se pueda ver de forma notoria, pues en otros casos va ha depender de la opinión del médico, lo que puede ser peligrosísimo teniendo en consideración que el tema de las drogas es una cuestión satanizada en nuestra sociedad. Entendemos por consiguiente, que no existe un procedimiento que respete todas las garantías constitucionales en juego y, por tanto que no se debería llevarse a la práctica, esperando que para el caso que se lleve a la práctica se lleve a camino constitucional, absolviendo a los implicados, salvo en casos excepcionales. Yo personalmente, entiendo que se van a retractar de llevarlo a la práctica y que deben de perfeccionar sus medios.

Siempre pagan los mismos.

En el sentido introducido arriba, aunque el motivo de la regulación objeto del presente análisis, pueda ser legítimo y, en el fondo sin duda lo es, pues; ¿Quien no quiere que se reduzcan los muertos y heridos por accidentes de tráfico?, está claro que nadie. Pero que curioso, siempre son objeto de estas medidas los ciudadanos, a los cuales se nos venden coches superpotentes y veloces y se nos “anima” a ir deprisa por esta sociedad consumista. ¿Por qué no, se plantean limitar la velocidad de los vehículos? Medida seguramente efectiva y que por muchas trampas que se puedan hacer, seria muy notorio su incumplimiento… Supuesto esto, en el tema del consumo de sustancias estupefacientes, en primer lugar habría que estudiar la afección concreta que tiene en los accidentes, tanto en cuanto a aumento de número de accidentes, como a la influencia del consumo de sustancias en sus distintos niveles o graduaciones. Lo primero, para medir la fuerza represiva con la que se intenta reconducir una conducta humana y, por otro lado, estandarizar en la medida de lo posible los niveles de sustancia y su correspondiente sanción, como pasa actualmente con el alcohol. Porque, actualmente los aparatos que manejan no miden los niveles de sustancia en el organismo, ni pueden corroborar la influencia en el momento concreto del accidente. Pero que es lo que hacen nuestros gobernantes, ante una alarma social (desde mi punto de vista excesivamente mediatizada, como tantas otras y, como tantas otras no) sin estudiar la cuestión, sin seguridad jurídica, sin ponderación del castigo, sancionar al ciudadano. Para finalizar, plantear otros de los efectos negativos de esta medida que analizamos en el presente artículo, tal cual es el coste para nuestra sociedad, teniendo en cuenta sobretodo la no sobra de recursos, ni de personal en la sanidad pública, de otros gastos, como tener un fiscal de guardia (que ya veremos si estos se prestan a esta labor), gastos judiciales, sociales de criminalización (pues es eso lo único que van a conseguir sin conseguir condenar a personas ciertamente culpables) y, más teniendo en consideración que se ha realizado un proyecto con muy poca viabilidad jurídica.

Héctor Brotons Albert, Abogado especialista en Asuntos Penales por Cánnabis y Asesor de la F.A.C. (Federación de Asociaciones Cannábicas).

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